martes, 20 de junio de 2017

La primera mujer graduada como ingeniera en Antioquia era vasca

Uribe y Echavarría son dos de los apellidos más comunes en Antioquia, al punto que solemos pensar que son típicamente antioqueños ya que ambos se encuentran bastante extendidos en la región.

El primero de ellos fue traído a finales del siglo XVII por tres hermanos oriundos del Valle de Léniz en Guipúzcoa (Juan, Martín y Vicente Uribe y Echavarría). El segundo en cambio fue introducido a la región por el vizcaíno Antonio Echavarría y Jáuregui más o menos por la misma época que el anterior (década de 1680).

Curiosamente, el apellido Uribe, como sucede con muchos de los apellidos vascos en Antioquia, a decir: Alzate, Arteaga, Berrio, Bilbao, Elizalde, Garay, García, Ibarguen, Irala, Irrisarri, Izaguirre, Landazuri, Larrea, Maturana, Ochoa, Salazar, Urrutia, Zulaica y Zuleta entre otros, habían venido no sólo en la era colonial sino que otros individuos que portaban estos apellidos migraron durante el siglo XIX y el XX. Incluso algunos como en el caso de los Alzate, se habían encontrado en la región con descendientes (de igual apellido y lugar de nacimiento) docientos o trescientos años después.

En concreto en la década de los años 30s del siglo XX inmigró a Medellín una familia que portaba el apellido Uribe procedentes de Ciudad de Guatemala, lugar donde se había radicado, en las primeras décadas del siglo, el bilbaíno Guillermo Uribe Echevarría, quien ejercía la profesión de contador. En este país centroamericano había conformado una familia junto a la guatemalteca de ascendencia británica María Teresa Bone.

Tiempo después esta familia se trasladó a Medellín, lugar donde Guillermo Uribe se vinculó a la empresa Cines Colombia, fundada con capital antioqueño, una vez que un grupo de empresarios de esta ciudad compraron en 1928, los equipos cinematográficos introducidos desde Europa por los hermanos italianos Di Doménico.

Durante el transcurso de la Guerra Civil Española, el bilbaíno Guillermo, según los informes confidenciales de los consulados republicanos, fue incluido en la lista de los elementos reaccionarios y contrarios a la II República, entre los que también se encontraban otros vascos residentes en Medellín como los vizcaínos José Urriola Arriaga, Daniel Urrutia Elortondo, Francisco Arteaga Mañoria y Juan Linaza Meabe, el alavés Silvestre Apodaca Ochoa y el guipuzcoano Antonio Luende Uname.

Uribe tuvo una hija llamada Rebeca, que había nacido el l 7 de julio de 1917 en Ciudad de Guatemala, la cual igualmente migró con su familia a Medellín, ciudad donde culminó sus estudios graduándose como bachiller en el Instituto Central Femenino, ubicado en el centro de la ciudad.

Además de esto Rebeca Uribe Bone es recordada por ser la primera mujer ingeniera en el país al graduarse el 19 de octubre de 1945, en la Universidad Pontificia Bolivariana, con el título de ingeniera química e industrial. Esta es sin duda una historia que merece ser resaltada toda vez que por aquella época la ingeniería era un área que tradicionalmente estaba ocupada por los hombres, siendo la vasca una de las pocas mujeres que durante este tiempo lograron no solo acceder a esta carrera sino en general en entrar a una universidad.

Rebeca se desempeñó como profesional del área de Calidad en los Laboratorios de la empresa Bavaria en la ciudad de Bogotá, posteriormente regresó a Bilbao, ciudad donde pasó hasta sus últimos días (8 de mayo del 2017).


Autor: Jon Erreka

viernes, 21 de abril de 2017

La asociación familiar vasca más antigua de América es antioqueña

La tertulia que se estableció en Santa Rosa, en el Valle de los Osos, norte de Antioquia, puede ser la asociación familiar más antigua de la que se tenga noticia en Hispanoamérica, en la cual los descendientes de la familia Zuláibar se reunían para recordar y mantener vivos los vínculos que los ataban a las provincias de donde eran originarios sus ancestros.
Esta especie de cofradía se estableció en la década de 1820, época en la que afloraron las tensiones políticas a raíz de la guerra de Independencia, situación que llevó a esta red parental a ser mirados con desconfianza y señalados como sospechoso de ser fieles al monarca español, práctica que en época de guerra era tipificada como un delito grave contra la República.
Desde 1813 cuando bajo el mandato del dictador Juan del Corral, Antioquia declaró su Independencia absoluta de España y se proclamó como una República, libre y soberana, con separación de poderes, ejercito propio y control territorial, la familia Zuláibar, provenientes de Zenauri, Vizcaya, no disimularon en tiempos su afecto a la monarquía y a los territorios peninsulares de donde eran originarios. Esto por ejemplo le significó al comerciante vizcaíno José María Zuláibar, ser condenado al presidio, pues todo europeo que no se declarara adepto a la Independencia y que mostrara opinión favorable a su patria de nacimiento, era susceptible de ser castigado con medidas como la confiscación de propiedades, la expulsión del territorio, la cárcel o pena de muerte.
La declarada afinidad hacía el régimen monárquico y en especial hacia el señorío de Vizcaya, se puede observar en que, a partir del ascenso de la República, estos pusieron todos los medios a su disposición para restaurar el poder real en Antioquia, siendo colaboradores de las tropas que penetraron la provincia bajo el mando de Warleta. Igualmente, su inclinación hacia el Imperio español se observa en 1820, cuando tras la entrada victoriosa del joven Córdoba, hijo de la provincia, los descendientes varones de la familia Zuláibar, a la cabeza de su padre, armaron en el norte de Antioquia una cuadrilla de realistas que se sumaron a los reductos que quedaban de las tropas del Rey desplegadas sobre el río Magdalena, sobre la provincia de Cartagena y la de Santa Marta.
Paralelo a la lucha armada protagonizada por José María y sus hijos mayores, las mujeres de este clan emplearon otras formas de resistencia como por ejemplo la simbólica, aferrándose a sus sistemas de creencias y valores trasmitidos por sus ancestros. Esta afinidad hacia el Rey y los territorios peninsulares sobre los cuales tenían vínculos parentales, era tomada como una acción hostil por parte del gobierno recién instaurado, motivo por el cual, José Manuel Restrepo, nacido en la provincia quien ejercía como ministro de la República de Colombia (actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), envió una notificación pública en 1820 a las señoras Zuláibar, en la cual les advirtió que de continuar difundiendo las ideas monarquistas en la provincia, estas podrían ser perseguidas y ajusticiadas sin tener consideración de su condición de mujeres.
Una vez perdida militarmente la provincia los vástagos varones de la familia Zuláibar: José María y sus hijos Julián, Wenceslao, Jenaro y Joaquín, son perdonados por el gobierno republicano por el delito de apoyar la restauración monárquica. En esta decisión influyó la intermediación de algunos de sus paisanos, parientes y socios comerciales, en especial las familias Montoya, Barrientos, Uribe y Santamaría.
Son nuevamente las mujeres, Josefa y Mercedes, quienes después de 1822 continúan resistiendo a la pedagogía republicana y su intento de extirpar cualquier muestra de afecto hacia el régimen español. Estas señoras formarían una tertulia, propia de las nuevas formas de sociabilidad establecidas en el periodo decimonónico, en la cual se reforzaba la adhesión a la patria de sus ancestros. Por ejemplo, en esta asociación de tipo familiar se narraban a sus contertulios, entre vecinos, amigos y familiares, las hazañas e historias de los bravos vizcaínos. Así lo afirmó uno de sus nietos, el escritor Estanislao Gómez Barrientos, quien en 1913 subrayó lo siguiente en referencia a los vínculos que las Zuláibar tenían con sus ancestros vascos:

Hablando con los suyos, se complacía en referirles algo de lo concerniente a las tradiciones, usos y costumbres del famoso Señorío de Vizcaya, que era la patria de su padre, y su narración venía a ser sobremanera interesante cuando relataba los hechos honrosos de los ilustres caudillos terrestres y marinos de la tierra vascongada, sin olvidar los gloriosos y amados fueros del Señorío, con sus Juntas o Asambleas generales que se reunían periódicamente alrededor del frondoso y secular roble de Guernica, y la incorporación condicional con los dominios sujetos a la Corona de Castilla, y la general y digna compostura de la familia vascongada en las anteiglesias y alegres caserías de cerros y valles, las costumbres patriarcales, honradas y sencillas y las demás virtudes características de la altiva raza eúskara; la intrepidez de los antiguos marinos vizcaínos y guipuzcoanos, quienes al cabo de la arriesgada navegación iban al santuario de Begoña o al de Nuestra Señora de Aránzazu a manifestar su gratitud a la Santísima Virgen "Estrella de los Mares".


Aunque esta asociación no se constituyó formalmente ni a través de estatutos, ni adquiriendo personería jurídica, y solo se sabe que existió a través de fuente oral, memorias escritas y algunos documentos más, puede ser tenida como uno de los espacios más antiguos donde se socializaban al calor del hogar, entre familiares e invitados, las historias del antiguo señorío de Vizcaya. Esta asociación se dio incluso antes de que los vascos comenzaran a migrar y establecerse masivamente por todo el continente, especialmente en los países del cono sur. Esto además expondría para el caso de Antioquia, región donde no fue masiva la migración vasca durante el periodo decimonónico, que la valoración que los antioqueños tienen por los vascos, definiéndolos como el pueblo que más aportó a la creación de su ethos, proviene justamente de aquellas familias de este origen que, tras la separación con los territorios peninsulares, continuaron recordando sus orígenes, manteniendo sus tradiciones y valorando su pasado, preservando a lo largo del tiempo los vínculos con las antiguas provincias vascas. 

Autor: Jon Erreka