martes, 20 de junio de 2017

La primera mujer graduada como ingeniera en Antioquia era vasca

Uribe y Echavarría son dos de los apellidos más comunes en Antioquia, al punto que solemos pensar que son típicamente antioqueños ya que ambos se encuentran bastante extendidos en la región.

El primero de ellos fue traído a finales del siglo XVII por tres hermanos oriundos del Valle de Léniz en Guipúzcoa (Juan, Martín y Vicente Uribe y Echavarría). El segundo en cambio fue introducido a la región por el vizcaíno Antonio Echavarría y Jáuregui más o menos por la misma época que el anterior (década de 1680).

Curiosamente, el apellido Uribe, como sucede con muchos de los apellidos vascos en Antioquia, a decir: Alzate, Arteaga, Berrio, Bilbao, Elizalde, Garay, García, Ibarguen, Irala, Irrisarri, Izaguirre, Landazuri, Larrea, Maturana, Ochoa, Salazar, Urrutia, Zulaica y Zuleta entre otros, habían venido no sólo en la era colonial sino que otros individuos que portaban estos apellidos migraron durante el siglo XIX y el XX. Incluso algunos como en el caso de los Alzate, se habían encontrado en la región con descendientes (de igual apellido y lugar de nacimiento) docientos o trescientos años después.

En concreto en la década de los años 30s del siglo XX inmigró a Medellín una familia que portaba el apellido Uribe procedentes de Ciudad de Guatemala, lugar donde se había radicado, en las primeras décadas del siglo, el bilbaíno Guillermo Uribe Echevarría, quien ejercía la profesión de contador. En este país centroamericano había conformado una familia junto a la guatemalteca de ascendencia británica María Teresa Bone.

Tiempo después esta familia se trasladó a Medellín, lugar donde Guillermo Uribe se vinculó a la empresa Cines Colombia, fundada con capital antioqueño, una vez que un grupo de empresarios de esta ciudad compraron en 1928, los equipos cinematográficos introducidos desde Europa por los hermanos italianos Di Doménico.

Durante el transcurso de la Guerra Civil Española, el bilbaíno Guillermo, según los informes confidenciales de los consulados republicanos, fue incluido en la lista de los elementos reaccionarios y contrarios a la II República, entre los que también se encontraban otros vascos residentes en Medellín como los vizcaínos José Urriola Arriaga, Daniel Urrutia Elortondo, Francisco Arteaga Mañoria y Juan Linaza Meabe, el alavés Silvestre Apodaca Ochoa y el guipuzcoano Antonio Luende Uname.

Uribe tuvo una hija llamada Rebeca, que había nacido el l 7 de julio de 1917 en Ciudad de Guatemala, la cual igualmente migró con su familia a Medellín, ciudad donde culminó sus estudios graduándose como bachiller en el Instituto Central Femenino, ubicado en el centro de la ciudad.

Además de esto Rebeca Uribe Bone es recordada por ser la primera mujer ingeniera en el país al graduarse el 19 de octubre de 1945, en la Universidad Pontificia Bolivariana, con el título de ingeniera química e industrial. Esta es sin duda una historia que merece ser resaltada toda vez que por aquella época la ingeniería era un área que tradicionalmente estaba ocupada por los hombres, siendo la vasca una de las pocas mujeres que durante este tiempo lograron no solo acceder a esta carrera sino en general en entrar a una universidad.

Rebeca se desempeñó como profesional del área de Calidad en los Laboratorios de la empresa Bavaria en la ciudad de Bogotá, posteriormente regresó a Bilbao, ciudad donde pasó hasta sus últimos días (8 de mayo del 2017).


Autor: Jon Erreka

viernes, 21 de abril de 2017

La asociación familiar vasca más antigua de América es antioqueña

La tertulia que se estableció en Santa Rosa, en el Valle de los Osos, norte de Antioquia, puede ser la asociación familiar más antigua de la que se tenga noticia en Hispanoamérica, en la cual los descendientes de la familia Zuláibar se reunían para recordar y mantener vivos los vínculos que los ataban a las provincias de donde eran originarios sus ancestros.
Esta especie de cofradía se estableció en la década de 1820, época en la que afloraron las tensiones políticas a raíz de la guerra de Independencia, situación que llevó a esta red parental a ser mirados con desconfianza y señalados como sospechoso de ser fieles al monarca español, práctica que en época de guerra era tipificada como un delito grave contra la República.
Desde 1813 cuando bajo el mandato del dictador Juan del Corral, Antioquia declaró su Independencia absoluta de España y se proclamó como una República, libre y soberana, con separación de poderes, ejercito propio y control territorial, la familia Zuláibar, provenientes de Zenauri, Vizcaya, no disimularon en tiempos su afecto a la monarquía y a los territorios peninsulares de donde eran originarios. Esto por ejemplo le significó al comerciante vizcaíno José María Zuláibar, ser condenado al presidio, pues todo europeo que no se declarara adepto a la Independencia y que mostrara opinión favorable a su patria de nacimiento, era susceptible de ser castigado con medidas como la confiscación de propiedades, la expulsión del territorio, la cárcel o pena de muerte.
La declarada afinidad hacía el régimen monárquico y en especial hacia el señorío de Vizcaya, se puede observar en que, a partir del ascenso de la República, estos pusieron todos los medios a su disposición para restaurar el poder real en Antioquia, siendo colaboradores de las tropas que penetraron la provincia bajo el mando de Warleta. Igualmente, su inclinación hacia el Imperio español se observa en 1820, cuando tras la entrada victoriosa del joven Córdoba, hijo de la provincia, los descendientes varones de la familia Zuláibar, a la cabeza de su padre, armaron en el norte de Antioquia una cuadrilla de realistas que se sumaron a los reductos que quedaban de las tropas del Rey desplegadas sobre el río Magdalena, sobre la provincia de Cartagena y la de Santa Marta.
Paralelo a la lucha armada protagonizada por José María y sus hijos mayores, las mujeres de este clan emplearon otras formas de resistencia como por ejemplo la simbólica, aferrándose a sus sistemas de creencias y valores trasmitidos por sus ancestros. Esta afinidad hacia el Rey y los territorios peninsulares sobre los cuales tenían vínculos parentales, era tomada como una acción hostil por parte del gobierno recién instaurado, motivo por el cual, José Manuel Restrepo, nacido en la provincia quien ejercía como ministro de la República de Colombia (actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), envió una notificación pública en 1820 a las señoras Zuláibar, en la cual les advirtió que de continuar difundiendo las ideas monarquistas en la provincia, estas podrían ser perseguidas y ajusticiadas sin tener consideración de su condición de mujeres.
Una vez perdida militarmente la provincia los vástagos varones de la familia Zuláibar: José María y sus hijos Julián, Wenceslao, Jenaro y Joaquín, son perdonados por el gobierno republicano por el delito de apoyar la restauración monárquica. En esta decisión influyó la intermediación de algunos de sus paisanos, parientes y socios comerciales, en especial las familias Montoya, Barrientos, Uribe y Santamaría.
Son nuevamente las mujeres, Josefa y Mercedes, quienes después de 1822 continúan resistiendo a la pedagogía republicana y su intento de extirpar cualquier muestra de afecto hacia el régimen español. Estas señoras formarían una tertulia, propia de las nuevas formas de sociabilidad establecidas en el periodo decimonónico, en la cual se reforzaba la adhesión a la patria de sus ancestros. Por ejemplo, en esta asociación de tipo familiar se narraban a sus contertulios, entre vecinos, amigos y familiares, las hazañas e historias de los bravos vizcaínos. Así lo afirmó uno de sus nietos, el escritor Estanislao Gómez Barrientos, quien en 1913 subrayó lo siguiente en referencia a los vínculos que las Zuláibar tenían con sus ancestros vascos:

Hablando con los suyos, se complacía en referirles algo de lo concerniente a las tradiciones, usos y costumbres del famoso Señorío de Vizcaya, que era la patria de su padre, y su narración venía a ser sobremanera interesante cuando relataba los hechos honrosos de los ilustres caudillos terrestres y marinos de la tierra vascongada, sin olvidar los gloriosos y amados fueros del Señorío, con sus Juntas o Asambleas generales que se reunían periódicamente alrededor del frondoso y secular roble de Guernica, y la incorporación condicional con los dominios sujetos a la Corona de Castilla, y la general y digna compostura de la familia vascongada en las anteiglesias y alegres caserías de cerros y valles, las costumbres patriarcales, honradas y sencillas y las demás virtudes características de la altiva raza eúskara; la intrepidez de los antiguos marinos vizcaínos y guipuzcoanos, quienes al cabo de la arriesgada navegación iban al santuario de Begoña o al de Nuestra Señora de Aránzazu a manifestar su gratitud a la Santísima Virgen "Estrella de los Mares".


Aunque esta asociación no se constituyó formalmente ni a través de estatutos, ni adquiriendo personería jurídica, y solo se sabe que existió a través de fuente oral, memorias escritas y algunos documentos más, puede ser tenida como uno de los espacios más antiguos donde se socializaban al calor del hogar, entre familiares e invitados, las historias del antiguo señorío de Vizcaya. Esta asociación se dio incluso antes de que los vascos comenzaran a migrar y establecerse masivamente por todo el continente, especialmente en los países del cono sur. Esto además expondría para el caso de Antioquia, región donde no fue masiva la migración vasca durante el periodo decimonónico, que la valoración que los antioqueños tienen por los vascos, definiéndolos como el pueblo que más aportó a la creación de su ethos, proviene justamente de aquellas familias de este origen que, tras la separación con los territorios peninsulares, continuaron recordando sus orígenes, manteniendo sus tradiciones y valorando su pasado, preservando a lo largo del tiempo los vínculos con las antiguas provincias vascas. 

Autor: Jon Erreka

miércoles, 31 de agosto de 2016

Obras Pías de los vascos en Antioquia

Muchos de los vascos que hicieron presencia en la región paisa dejaron testamentos y numerosas obras pías en su patria de origen Euskal Herria y otras más en su patria adoptiva Antioquia, las cuales ayudaron a sus parientes, vecinos y descendientes en ambos lados del Atlántico. 
En esta costumbre religiosa de Antiguo Régimen, que se mantuvo durante todo el periodo colonial, se observa especialmente la participación de los nacidos en las provincias vascas, pues son bastante destacados en el caso antioqueño. 


  1. El guipuzcoano Juanes de Verastegui, vecino de Cáceres, en Antioquia dejó una capellanía en esta misma ciudad y en su patria, Euskal Herria, en favor de su hija natural, de Isabel Gómez, Catalina de Arvelais y del hijo mayor de su hermana María Miguel Verastegui.
  2. El vasco Pedro Aguirre y Cortazar, vecino de Zaragoza, en Antioquia, dejó seis capellanías en su patria a favor del Hospital del Santuario de la Virgen de Estibaliz.
  3. El guipuzcoano Sebastián de Aristeguieta, vecino de Zaragoza, en Antioquia, dejó una capellanía, patronato de dotes, limosna anual de trigo a pobres y escuela de primeras letras, en su patria en San Sebastián.
  4. El descendiente de vascos Martin de Arrieta, vecino de Zaragoza, en Antioquia, dejó una capellanía en favor de la Parroquia de San Marcos de Sevilla.
  5. El vasco Nicolás de Elizalde, vecino de Remedios, en Antioquia, dejó una capellanía en esta ciudad.
  6. Juan de Avellaneda y Zúñiga, vecino de Zaragoza, dejó una capellanía en favor del convento de San Francisco de Castro Urdiales, además de beneficiar a su mujer, y de la herencia de sus padres, sus hermanos de padre Juan y Antonia de Avellaneda y Zúñiga, y la hija de su tío Antonio llamada Josefa del Castillo Montehermoso.
  7. el vasco Pedro de Aguirre Goya, dejó en Antioquia una capellanía.
  8. El navarro Francisco de Saldarriaga, vecino de Medellín, dejó una capellanía en favor de su familia en esta misma villa.
  9. El alavés Francisco Montoya y Salazar, (mozo), vecino de Antioquia, dejó una capellanía en esta ciudad.
  10. El guipuzcoano Pedro de Sologuren, natural de Vergara y minero en las minas de Zaragoza, Antioquia, difunto en esta misma ciudad dejó su testamento en favor de su padre Martín García de Sologuren.
  11. Juan Pérez de Mutiloa, natural de Mutiloa, en Guipúzcoa, quien murió en Santa Fe de Antioquia, hijo de Juan López y Catalina Beltrán, dejó como herederos en su patria a sus hijos Antonillo y Juana Pérez.
  12. Martín de Zagarzurieta, natural de Zumaya, en Guipúzcoa. Murió ab intestato en Zaragoza, Antioquia. Le heredan sus hermanas María Miguel y Magdalena Zugarzurieta, vecinas de Zumaya.
  13. Bernandino de Losa, deja testamento en favor de sus herederos en Antioquia.
  14. Martín de Arteaga, natural de Portugalete, en Vizcaya, difunto con testamento en Zaragoza de Antioquia.
  15. Luis Martin de Olarte, natural del valle de Oquendo, en Vizcaya, dejó una capellanía en favor de José de Oquendo, radicado también en Antioquia, de 1000 pesos de oro de veinte quilates.


viernes, 3 de junio de 2016

Los apellidos vascos en Antioquia durante el siglo XVI

Desde el siglo XVI, fecha en la que se comienza la colonización europea en Antioquia, los vascos hicieron una presencia importante. Esto lo confirma algunos de los apellidos vascos que vinieron a Antioquia durante este siglo algunos se quedaron entre nosotros y de ellos descendemos miles de antioqueños, mientras que otros por algún motivo desaparecieron y hoy se encuentran extintos. 
 

Centro de Estudios Vascos de Antioquia

lunes, 9 de mayo de 2016

La colonización vasco-antioqueña en el sur cafetero

El escritor y pintor argentino Ernesto Sábato decía en referencia a Manizales que solo a unos descendientes de vascos se les ocurría hacer una ciudad en un lugar tan remoto y montañoso. Su afirmación no fue hecha a la ligera pues era ya conocida en su época las hazañas de los colonizadores paisas que predominaron en la geografía humana que pobló todo el sur de Antioquia y se extendió hasta el norte del Valle del Cauca.
Así la cultura paisa (Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y Norte del Valle) fue la que predominó en esos valles y montañas que bordearon el noroccidente de la masa continental, pues nacieron en una época en donde los antioqueños se sentían estrechos en su patria y decidieron, mucho antes de la colonización del oeste americano, expandirse a los territorios de frontera en todos los puntos cardinales.
En el norte, sur, oriente y occidente se exportó la cultura paisa antioqueña gracias a la aventura de numerosos colonos que con hachas, frente en alto y voluntad de hierro se dieron a la tarea de colonizar los valles escarpados de las cordilleras andinas.
Y tal como lo intuyó el argentino Sábato este proceso fue obra de vascos pues en este proceso los descendientes de euskaros jugaron un papel primordial, y aunque poco se sepa, aún queda huellas que los identifican como grandes colonizadores.
Por ejemplo las concesiones de tierra más importantes que colonizaron el sur y el oriente de Antioquia tienen todas apelativos euskaros: Arbeláez, Aránzazu y Echeverri. La primera de ellas fue otorgada a Ventura de Arbeláez,  la segunda a la familia del Gobernador de Antioquia de origen alavés José María de Aránzazu y la última entregada a los descendientes de vascos Gabriel Echeverri, Juan Uribe y Alejo Santamaría.
Estas más adelante se convirtieron en eje central de la expansión antioqueña hacia las riveras de la cordillera central, donde se fundaron ciudades, pueblos y familias que más adelante formarían parte del Estado de Antioquia decimonónico y que fueron la base del desarrollo económico de esta región, en cuyos principales producto se encontraba el comercio, oro y café.
La concesión Arbeláez fue una de las primeras que se dieron en la región. Nombrada con el apelativo de un guipuzcoano oriundo de Castillo de Irún, Juan de Arbelaiz, migrado a América en el siglo XVII y que más adelante cambiaria a la forma de Arbeláez.
La concesión de tierras que lleva este apellido fue de gran importancia por ser una de las primeras que se otorgaron sobre tierras baldías en Antioquia. La noticia que se tiene de esta data del siglo XVIII, cuando el visitador de la provincia de Antioquia, el asturiano don Antonio Mon y Velarde, traslado la población San Carlos de Priego, fundada el 14 de Agosto de 1786 por el señor Francisco Lorenzo de Rivera.
Allí recibió la constancia de que don Ventura de Arbeláez posee una merced de tierras de 5 estancias, cada una con una legua en el sitio llamado La Vieja (actual río San Carlos), de ahí que su nombre quedará ligado para siempre a estas tierras.
En épocas posteriores esta área fue clave para la expansión de los territorios de frontera dedicados a la economía agrícola de los valles fértiles del oriente antioqueño, que luego dieron paso al el surgimiento y consolidación de algunas localidades y de la sub-región hoy es llamada del mismo modo.
Por su parte la concesión Aránzazu fue una de las más importantes y fue otorgada en honor al gobernador José María de Aránzazu, nieto del alavés Juan Blas de Aránzazu y de Lucia Jerónima Tornero. Quien asumió la gobernación en junio de 1832 e instaló más tarde las primeras sesiones de la Cámara de la Provincia de Antioquia.
Fue importante la labor colonizadora que se efectuó durante su administración, ya que se crearon los municipios antioqueños de Campamento, Cocorná, Ebéjico, Entrerríos, Girardota y Liborina. Además este gobernador fue gran precursor de la carretera al mar, antiguo sueño antioqueño de encontrar una salida al océano atlántico desde el interior montañoso.
La concesión Aránzazu comprendía la merced de tierras perteneciente al gobernador José María de Aránzazu que estaba ubicada entre las quebradas Pacora y el río Paso. Posteriormente su hijo Juan de Dios Aránzazu, antioqueño nacido en La Ceja en 1788, se le otorgó una concesión que ampliaría enormemente la heredada por su padre, extendiéndose hacia todos los puntos cardinales. Esta abarcaba desde los predios “que queden encerrados por los ríos San Lorenzo y Paso al Norte, Chinchiná al sur, río Cauca al occidente y la cima de la cordillera oriental al oriente”.
Posteriormente con la invasión de colonos en las tierras de la Concesión Aránzazu, surgieron los pueblos antioqueños de Salamina (1825), Pácora (antes Arma Nuevo, 1832), Neira (1842), Manizales (1849) y Santa Rosa de Cabal (1844).
Por su parte la concesión denominada Echeverri se originó cuando Gabriel Echeverri, Juan Uribe y de Alejo Santamaría, recibieron del gobierno en 1835 alrededor de 160.469 fanegadas de tierra comprendidas entre el río Cauca, San Juan y Arquía. Los tres individuos eran descendientes de vascos: Echeverri descendía de Pedro Echeverri Eguía y Viasi, oriundo de Fuenterrabía, en Guipúzcoa. Uribe de Martín de Uribe Echavarría oriundo del Valle de Léniz, también en Guipúzcoa. Mientras que Santamaría, provenía de solares vascos y navarros establecidos en el Valle de Mena, muy cercano a las Encartaciones vizcaínas.
Estos empresarios y colonos iniciaron la construcción de haciendas agrícolas y hatos ganaderos, y también participaron en la explotación minera, incentivando a numerosos colonos a establecerse en sus lotes baldíos lo que valorizó sus propiedades y creó un floreciente comercio, una vigorosa agricultura y ganadería.

miércoles, 6 de abril de 2016

VASCO-PAISAS

El vizcaíno Francisco de Abrisqueta, dijo lo siguiente en 1983 en referencia al ascendente vasco del pueblo antioqueño: Se ha dicho con razón que los vascos dieron una importante a la riqueza antioqueña que puebla la cordillera central del país, en los departamentos de Antioquia y Caldas. Así lo demuestran los apellidos de tantas familias de la montaña, y la idiosincrasia libre, particularista y tradicional de la sangre de los Aguirre, Alzate, Aranza, Arbeláez, Aristizábal y Arroyave, de los Arrubla, Arteaga, Atehortúa, Avendaño por solo enumerar algunos de los apellidos antioqueños de la primera letra del abecedario.
 
 
 

viernes, 28 de agosto de 2015

Los Vascos en Antioquia durante el Reinado de los Austrias, 1510-1700




Título: Los Vascos en Antioquia durante el reinado de los Austrias
Autor/a: Jon Alejandro Ricaurte Cartagena
Páginas: 253
Idioma: Castellano
Colección: Los Vascos en Antioquia
Precio: 35.000 pesos
ISBN: 978-958-46-6899-8
Fecha de publicación: 2015
Editor: C.E.V.A. / Centro de la Cultura Vasca Gure Mendietakoak
Portada: La portada es en forma de una Carta Real del siglo XVI con un sello real en relieve con el Lauburu o símbolo vasco.  
Contacto: culturavascoantioquia@gmail.com y centroestudiovascoantioquia@gmail.com  

sábado, 11 de julio de 2015

Algunas familias completas de vascos migradas a Antioquia en los siglos XVI y XVII

Respecto a los vascos encontramos en el primer caso cuatro familias de este origen que vinieron completas –padre, madre e hijos–, establecidas en el territorio antioqueño. Son llamativos los casos de los Taborda y los Salinas, de origen vizcaíno y alavés respectivamente, pues en ambos casos se tienen como los primeros clanes familiares vascos que vinieron a la región.

A finales del siglo XVI y a principios del siguiente, se establecieron otras dos familias completas, esta vez, de origen guipuzcoano, una encabezada por Pedro de Chavarría y la otra compuesta por Pedro Pérez de Aristizábal, que vino para ejercer como gobernador de Antioquia.

viernes, 19 de junio de 2015

VASCOS QUE VINIERON CON EL ALAVÉS PASCUAL DE ANDAGOYA

Siguiendo sus empresas de conquista y poblamiento encontramos un número significativo de vascos que salieron desde Panamá, penetraron el Darién y se dirigieron hacia el interior del subcontinente. Este grupo realizó este trayecto abriéndose paso entre selvas, montañas y ríos, entablando relaciones de amistad o guerra con las naciones de indios que habitaban el territorio.
Andagoya en 1538 viajó a España para obtener el título de gobernador del Río San Juan, lugar donde se habían avecindado un núcleo importante de vascos entre pobladores, funcionarios públicos y comerciantes tales como:
Francisco de Idiáquez, Juan Ortiz de Zárate, Juan de Perea, Andrés de Salazar, Pedro de Salazar, Cristóbal de Salinas y Yuste de Montoya.

domingo, 20 de abril de 2014

VASCO-ARGENTINOS EN MEDELLÍN: TANGO, FUTBOL Y PARRILLA

Continuando con la serie sobre los argentinos de ascendencia vasca migrados a la ciudad de Medellín, de la que ya hemos hablado bastante sobre el ciclista, entrenador y comentarista deportivo Julio Arrastía, apodado “el vasco”, encontramos en esta población algunas curiosidades que ameritan dedicarle unas cuantas líneas más.
No vamos a hablar de argentinos con apellidos vascos, pues apellidos vascos hay regados por toda América, especialmente aquí en Antioquia, donde el fenómeno es tan común que sólo mirando la guía telefónica encontramos que más de la mitad de las familias allí registradas son poseedoras de apellidos vascos.
La aclaración porque para ser vasco en América no basta sólo con portar un apellido que acuse raíces del arcaico y mágico euskera, sino que además se requiere ser consciente de ello, hacer un acto de reflexión, un esfuerzo por dotar de significado y sentido a una identidad extraviada, casi siempre caduca a la tercera generación. –conclusión a la que llegué después de haber conocido a Germán Isaza Echavarría en una conferencia sobre los vascos en Antioquia, en la que expresó un conocimiento de sus ascendentes al punto que sabía datos de las diez generaciones de Isazas y las once de Echavarrías que han pasado desde que vinieron de Euskal Herria a tierras antioqueñas–. 
Pues bien, además de argentinos con apellidos vascos los individuos que traigo a mención, pese a ser en algunos ya lejano su ascendente, acusaron, casi como el señor Isaza, una fuerte conexión con lo vasco.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Los vascos en el centenario del Deportivo Independiente Medellín, 1913-2013

Primer escudo del Medellín
Un grupo de ingleses que trabajaban en la construcción del ferrocarril de Antioquia trajo a principios del siglo XX a Medellín, una ciudad de unos 65.500 habitantes, un curioso deporte al cual se le denominaba futbol. 
Los parroquianos veían con curiosidad como aquellos trabajadores extranjeros, después de culminar sus labores diarias, se reunían en los terrenos baldíos de la ciudad, y una vez allí, divididos en dos grupos corrían como locos detrás de un extraño esférico elaborado con ocho parches de cuero. 
Hacia 1912, estos encuentros se llevaban a cabo en la ciudad principalmente en un campo deportivo que todos llamaban la "Cancha de los Belgas", nombre que se originó por obvias razones, a partir de la nacionalidad de sus primeros propietarios.  
Por estos años varios medellinenses, que entre curiosidad y deseo de copiar esta moda extranjera, pensaron en crear un club organizado que se enfrentara al Sporting, primer club antioqueño fundado por europeos, particularmente por belgas y suizos.