miércoles, 11 de abril de 2018

Vascos del "Pays Basque Nord" en Antioquia


Edificio hecho por Carré en Medellín
La migración francesa
Al igual que otras potencias colonialistas, mercantiles y marítimas europeas los franceses iniciaron en el siglo XVII una carrera por el control y dominio del comercio trasatlántico, esto, por supuesto, significaba arrebatarle una porción de territorio a los imperios que se habían establecido con anterioridad en el vasto continente americano, especialmente España e Inglaterra. A partir de allí se llevó a cabo un proceso de asentamiento, muchas veces de forma ilegal, en los territorios indios de frontera poco poblados y poco explorados por los europeos.
Los franceses iniciaron su etapa colonizadora en Norteamérica, cuando en el actual Canadá, establecieron las colonias de Quebec y Acadie. Posteriormente buscaron expandirse por el delta del río Misisipi fundando algunas ciudades enclaves: Detroit, Dubuque, Saint Louis, Nueva Orleans, Baton Rouge, Des Moines y Louisville, entre otras.
Paralelo a esto los filibusteros franceses desde el siglo XVII comenzaron a hacer presencia en el Caribe en islas como la Isla Tortuga y se fueron asentando al occidente de la isla La Española. A finales de 1697 con el Tratado de Ryswick los galos lograron hacerse con el reconocimiento internacional de la parte occidental de la isla, posesión que fue llamada Saint-Domingue. Esta fue una prospera colonia por casi un siglo hasta que en 1793 tuvo lugar el levantamiento por la independencia para formar la república llamada Haití.
En Suramérica se establecieron algunos núcleos de franceses que finalmente terminaron siendo reconocidos como colonias, es el caso de Guyana y otras más que no prosperaron durante los siglos XVII y XVIII, sobre todo porque fueron expulsados por los ejércitos vecinos español y portugués.
A parte de la colonización e inmigración ilegal existió otra legal, tolerada por las autoridades españolas, que hizo que existieran pequeños enclaves franceses asentados en esta región. Por ejemplo, en el virreinato de Nueva España la presencia de franceses y extranjeros era significativa durante el siglo XVIII y estaba encabezada principalmente por comerciantes y personas que ejercían oficios útiles y algunos otros que se habían convertido en súbditos del rey español.
En las costas de Tierra Firme los franceses y extranjeros también se habían asentado en sus principales puertos y ciudades del interior, es el caso de Cartagena, pues como principal puerto comercial continental en el Caribe recibió migración constante de foráneos, entre ellos algunos franceses. Lo mismo sucedió en Venezuela donde ya desde finales del siglo XVIII la presencia extranjera en sus costas comenzaba a hacerse más que significativa. Así lo aseguran algunos viajeros franceses como Dauxion y Depons, que indican en sus relatos la presencia en distintos sitios de la capitanía de prosperas colonias de extranjeros dedicados a diversos oficios –principalmente agricultores, comerciantes y artesanos–.
En las costas del Pacífico suramericano, actuales Perú y Chile, encontramos a algunos franceses dedicados principalmente al comercio y el artesanado. Algunos se mantuvieron allí con permisos debido a las concesiones comerciales otorgadas a raíz de la Guerra de Sucesión.
En el río de la Plata también se observan algunas colonias de extranjeros, especialmente franceses, que se asentaron desde finales del siglo XVIII.
También existieron periodos en que los franceses fueron censados, perseguidos y expulsados por distintos motivos. Uno de esos momentos fue después de la década de 1790, cuando la revolución había triunfado en Francia y amenazaba con expandirse. De esta forma los franceses fueron considerados como subversivos, peligrosos y mirados con desconfianza en todas las posesiones territoriales españolas en América. Entre otras medidas se censuró todo material impreso, procedente de este país y de otros de Europa, que contenga alusión a los liberales, filósofos ilustrados, propagandistas y enciclopedistas revolucionarios.
Por ejemplo, con los sucesos de Santa Fe de 1794 las autoridades monárquicas ordenaron buscar los panfletos y destruirlos, además se promulgaron medidas restrictivas contra los franceses residentes en el territorio. En Venezuela, donde la colonia de franceses era mayor, el capitán general de Caracas, Manuel de Vasconcelos, propuso la expulsión de los franceses residentes que fueran solteros y no tuvieran cédula, permiso real o empleos útiles. Igualmente proponía que se formasen listas de todos los franceses presentes que se encuentren casados con españolas criollas, tengan permisos especiales o empleo. En el censo se debía preguntar por sus apellidos, tiempo de residencia y casamiento, hijos que tuvieren, oficio y en especial por su conducta.
Pese a las precauciones de la corona española el apoyo francés a la revolución hispanoamericana fue decisivo. Fue alta la presencia de individuos de este origen enrolados en los ejércitos rebeldes, logrado en parte por la política de apoyo de Napoleón, pero sobre todo gracias a la publicidad que el movimiento revolucionario tomó a nivel internacional por la acción de sujetos como Miranda, Nariño, Gual y Zea, entre otros reclutadores de armas y hombres y promotores de la revolución.
Por ejemplo, Baralt y Díaz afirman que en 1812 “de solo franceses se formó un cuerpo que se puso a órdenes del coronel Ducayla”, pero en especial fue alto el servicio de oficiales de este mismo origen: Labatut, Chatillon, Lemer y Dufour, y muchos otros que después de la capitulación de Venezuela pasaron a prestar sus servicios en Nueva Granada.
Así los agentes de las nuevas repúblicas estuvieron dedicados al reclutamiento y compra de armas en las Antillas francesas y en las ciudades de migración francesa de Norteamérica. Por ejemplo, en 1813 el gobierno de Cartagena, según Sergio Elías Ortiz, había contratado en las Antillas a un número importante de extranjeros, entre los que sobresalían los mercenarios franceses, con el fin de organizar las tropas de la República.
De esta manera centenares de franco-antillanos y de franceses europeos terminaron enrolados en los ejércitos independentistas suramericanos. Estos participaron como soldados, tripulantes de las naves corsarias y formaron la infantería que acompañaron cuerpos completos de mercenarios, y además formaron parte de los distintos batallones de infantería, caballería y artillería.
Con la consolidación de la emancipación se establecen varios proyectos para la inmigración de extranjeros, con el ánimo de establecer industrias, revitalizar el comercio y formar colonias agrícolas. En lo que respecta a los franceses, la propuesta fue bien recibida por este colectivo, especialmente para establecer en Santa Marta como la propuesta que hizo el geógrafo francés Elisée Reclus, para la explotación agrícola y migración francesa de en esta región y la de Jean-Elie Gauguet, a quien se le concedieron 2.500 hectáreas de baldíos, sobre la ribera del río Santa Clara, en la región de la Sierra Nevada, a fin de establecer una colonia francesa de unas 100 personas, dedicadas al cultivo del trigo y de la viña.
Otros frentes de migración francesa importante son el comercio, la sastrería, panadería, el desarrollo de trasportes (ferrocarriles, tranvía y primeros automóviles), la formación de industria y en especial, en regiones como Antioquia, sobresale la presencia de mineros e ingenieros de esta nacionalidad.

Franceses y vasco-franceses en Antioquia
En el caso de Antioquia desde épocas coloniales el Urabá fue el principal punto de concentración de franceses y otros extranjeros que se establecieron de manera clandestina, la mayoría piratas y comerciantes que establecieron relaciones con los indios kuna. En especial en el siglo XVIII aparecen otros individuos que vinieron por ser considerados súbditos del Imperio Español o que tuvieron permisos de residir en sus posesiones ultramarinas. Entre estos encontramos apellidos como: Bucli, Eusse, Guiral, Girardot, Julianis, Lafaurie, Sajus, Roche y Ubalde, entre otros.
En el siglo XIX la llegada de franceses en Antioquia es mucho más numerosa que en épocas anteriores. A inicios del siglo XIX comienzan a llegar los primeros franceses cuando el Estado Soberano de Antioquia, independiente de España desde el 11 de agosto de 1813, en cabeza de su presidente dictador, Juan del Corral, contrató los servicios de civiles y militares extranjeros para armar e instruir las fuerzas militares de la República.
Acudiendo a este llamado vinieron, en 1814, algunos extranjeros empleados para fortificar el territorio, fabricar pólvora y armas, acuñar monedas, formar bandas militares de música y crear escuelas de instrucción militar. Entre este grupo de mercenarios contratados sobresalen los franceses: Emmanuel Serviez y Joaquín Lamot, veteranos de las guerras napoleónicas que se enrolaron, el primero como asesor militar de la recién fundada Escuela de Ingenieros Militares de Medellín y el segundo para formar e instruir la primera banda militar musical. También se contrataron algunos oficiales y suboficiales franceses que respondían a los apellidos: Dufour y Blanquicett, entre otros.
Una vez consolidada la Independencia vino a Antioquia una misión científica establecida por recomendación del prusiano Alexandre Von Humbold, en la que participaron los franceses Jean Baptiste Boussingault, Francois Desiré Roudin, Justin Goudot, Jacques Bourdon y Mario de Rivera, peruano emigrado de Francia donde se había culminado sus estudios.
En la segunda mitad del siglo XIX se produce una nueva oleada de inmigrantes franceses que vinieron a Antioquia gracias a las actividades extractivas de oro y al comercio que se estableció en la región. En el Sur de Antioquia se fundan varias compañías mineras en la que participan como socios, ingenieros y trabajadores como: Adolfo de Gaisne de Bourmont, Adolphe y Paul de Bedout, Augustin de Colleville, Henri Brèche, Eugène Lutz y Charles Saffray, entre otros. En el comercio también sobresalen los franceses como por ejemplo la sociedad comercial que constituyeron en 1856 los hermanos Pierre y Pierre Xavier Monnier, bautizada “Societé Bedout Monnier et Compagnie”.
A finales del siglo aparecen algunos capitalistas franceses (Vellut, Monvoisin, Coincy y Moulle), mineros importantes fueron (Destouesse y Rossi), ingenieros (Mercier, Demangeon, Degoutin y Stegeman) y otros individuos que cumplían oficios liberales como: Soulier, Berthe, Fredureau y los hermanos Gouzy, entre otros.

Los vascos del "Pays Basque Nord"
Iparralde, Ipar Euskal Herria, País Vasco del Norte, País Vasco francés, Pays Basque o Pays Basque Nord, es un territorio histórico ubicado entre el Golfo de Vizcaya y el Norte del Pirineo, en el actual departamento francés de Pirineos Atlánticos. En la actualidad se reconocen como territorios vascos las provincias de Lapurdi, Zuberoa y Baja Navarra, pero en un concepto más amplio está enmarcada en una macro región actualmente denominada Aquitania, y que en la época romana fuer reconocida por estos como los gascones, de donde a su vez deriva la palabra Gasconia, Wasconia o Vasconia, en referencia a los territorios donde se asentó este pueblo milenario.
Las tres provincias del norte mencionadas se inclinaron desde muy temprano a la inmigración, viajando por millares desde el puerto español de Pasajes (Guipúzcoa) y de los franceses de Bayona y Burdeos. Lo que dio a los vascos gran fama de andariegos, pues fueron actores significativos en la migración masiva y organizada que se dio a partir del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, encaminada a poblar con colonias agrícolas, peones y trabajadores los vastos territorios pampeanos de la Argentina, los departamentos Orientales de Uruguay, las costas de Chile y el interior del Oeste Norteamericano.
En Antioquia los inmigrantes vasco-franceses representan una comunidad ostensiblemente ínfima en comparación con su contraparte española, sin embargo, estos y sus parientes, los bearneses, no sólo estuvieron presentes, sino que se destacaron en todos los ámbitos del quehacer antioqueño, convirtiéndose en una parte muy importante de la sociedad.
Encontramos sobre todo algunos migrantes cuya principal característica era ser hombres solteros y jóvenes, entre campesinos, trabajadores, artesanos y comerciantes.
De los anteriores tomamos como vasco-franceses por su lugar de nacimiento y origen los siguientes sujetos que vinieron en la época colonial: Juan Ubalde, Gaspar de Guiral y Urrutigoiti, Miguel de Sajus, Pierre Lafaurie y Miguel Bucli Becarte.
En el siglo XIX encontramos otros individuos que acusan un origen vasco-franceses a los siguientes individuos: Juan Pedro Darthez, Agustín Horment, Julián Rachou, Jean Marie y Joseph Moulédoux, Manuel Vicente de la Roche Marizancena y Henri Destouesse.
En el siguiente siglo XX en la inmigración francesa tiene un mayor auge, sin embargo, los censos solo mencionan las cifras de extranjeros y por nacionalidades conociendo poco sobre los orígenes y datos de nacimiento de los inmigrantes. Solo se conservan las biografías de algunos individuos que lograron alcanzar una posición destacada en la sociedad. Es el caso de Carolina de Hazard, una francesa nacida en Biarritz y que vino a principio de siglo con su esposo y familia, y con una veintena de mineros, posiblemente de la costa vasco-francesa, quienes, al inicio de la Primera Guerra Mundial, tuvieron que prestar el servicio militar y marcharon a Europa dejando a Carolina a cargo de las minas y negocios.

Por último, se anota una lista de apellidos de franceses establecidos en la región, muchos de los cuales no se tienen datos de origen. Es posible que entre ellos puede haber algunos individuos de origen vasco o bearnés: Alacouque, Amours, André, Barbier, Bedout, Berlire, Berthe, Bertrand, Bodin, Bonnet, Bossement, Bouhot, Bourdo, Bourmont, Boussingault, Boyne, Brèche, Brisson, Brugnelly, Bucli, Buhot, Callón, Carré, Coincy, Colleville, Constaín, Coymat, D`Espagnat, Darthez, Degoutin, Demangeon, Désiré, Destouesse, Dieu, Dujardin, Durand, Eusse, Fety, Fourquet, Gartner, Girardot, Goudot, Goyzy, Gros, Guelle, Horment, Julianis, La Roche, Lagoeyte, Lamot, Laneret, Lanfranco, Larroche, Lauton, Laval, Le Moyne, Lebrun, Lutz, Melant, Mercier, Mollien, Monnier, Monvoisin, Mouledous, Moulle, Naud, Navech, Ney, Noguerol, Polan, Rachou, Reclus, Reduet, Reynel, Rizart, Rossi, Roulin, Saffray, Serviez, Soulier, Stegeman, Tibon, Tisnés, Ubalde, Vellut, Voinchet y Vonchet, entre otros.

Autor: Jon Erreka

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