lunes, 9 de mayo de 2016

La colonización vasco-antioqueña en el sur cafetero

El escritor y pintor argentino Ernesto Sábato decía en referencia a Manizales que solo a unos descendientes de vascos se les ocurría hacer una ciudad en un lugar tan remoto y montañoso. Su afirmación no fue hecha a la ligera pues era ya conocida en su época las hazañas de los colonizadores paisas que predominaron en la geografía humana que pobló todo el sur de Antioquia y se extendió hasta el norte del Valle del Cauca.
Así la cultura paisa (Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y Norte del Valle) fue la que predominó en esos valles y montañas que bordearon el noroccidente de la masa continental, pues nacieron en una época en donde los antioqueños se sentían estrechos en su patria y decidieron, mucho antes de la colonización del oeste americano, expandirse a los territorios de frontera en todos los puntos cardinales.
En el norte, sur, oriente y occidente se exportó la cultura paisa antioqueña gracias a la aventura de numerosos colonos que con hachas, frente en alto y voluntad de hierro se dieron a la tarea de colonizar los valles escarpados de las cordilleras andinas.
Y tal como lo intuyó el argentino Sábato este proceso fue obra de vascos pues en este proceso los descendientes de euskaros jugaron un papel primordial, y aunque poco se sepa, aún queda huellas que los identifican como grandes colonizadores.
Por ejemplo las concesiones de tierra más importantes que colonizaron el sur y el oriente de Antioquia tienen todas apelativos euskaros: Arbeláez, Aránzazu y Echeverri. La primera de ellas fue otorgada a Ventura de Arbeláez,  la segunda a la familia del Gobernador de Antioquia de origen alavés José María de Aránzazu y la última entregada a los descendientes de vascos Gabriel Echeverri, Juan Uribe y Alejo Santamaría.
Estas más adelante se convirtieron en eje central de la expansión antioqueña hacia las riveras de la cordillera central, donde se fundaron ciudades, pueblos y familias que más adelante formarían parte del Estado de Antioquia decimonónico y que fueron la base del desarrollo económico de esta región, en cuyos principales producto se encontraba el comercio, oro y café.
La concesión Arbeláez fue una de las primeras que se dieron en la región. Nombrada con el apelativo de un guipuzcoano oriundo de Castillo de Irún, Juan de Arbelaiz, migrado a América en el siglo XVII y que más adelante cambiaria a la forma de Arbeláez.
La concesión de tierras que lleva este apellido fue de gran importancia por ser una de las primeras que se otorgaron sobre tierras baldías en Antioquia. La noticia que se tiene de esta data del siglo XVIII, cuando el visitador de la provincia de Antioquia, el asturiano don Antonio Mon y Velarde, traslado la población San Carlos de Priego, fundada el 14 de Agosto de 1786 por el señor Francisco Lorenzo de Rivera.
Allí recibió la constancia de que don Ventura de Arbeláez posee una merced de tierras de 5 estancias, cada una con una legua en el sitio llamado La Vieja (actual río San Carlos), de ahí que su nombre quedará ligado para siempre a estas tierras.
En épocas posteriores esta área fue clave para la expansión de los territorios de frontera dedicados a la economía agrícola de los valles fértiles del oriente antioqueño, que luego dieron paso al el surgimiento y consolidación de algunas localidades y de la sub-región hoy es llamada del mismo modo.
Por su parte la concesión Aránzazu fue una de las más importantes y fue otorgada en honor al gobernador José María de Aránzazu, nieto del alavés Juan Blas de Aránzazu y de Lucia Jerónima Tornero. Quien asumió la gobernación en junio de 1832 e instaló más tarde las primeras sesiones de la Cámara de la Provincia de Antioquia.
Fue importante la labor colonizadora que se efectuó durante su administración, ya que se crearon los municipios antioqueños de Campamento, Cocorná, Ebéjico, Entrerríos, Girardota y Liborina. Además este gobernador fue gran precursor de la carretera al mar, antiguo sueño antioqueño de encontrar una salida al océano atlántico desde el interior montañoso.
La concesión Aránzazu comprendía la merced de tierras perteneciente al gobernador José María de Aránzazu que estaba ubicada entre las quebradas Pacora y el río Paso. Posteriormente su hijo Juan de Dios Aránzazu, antioqueño nacido en La Ceja en 1788, se le otorgó una concesión que ampliaría enormemente la heredada por su padre, extendiéndose hacia todos los puntos cardinales. Esta abarcaba desde los predios “que queden encerrados por los ríos San Lorenzo y Paso al Norte, Chinchiná al sur, río Cauca al occidente y la cima de la cordillera oriental al oriente”.
Posteriormente con la invasión de colonos en las tierras de la Concesión Aránzazu, surgieron los pueblos antioqueños de Salamina (1825), Pácora (antes Arma Nuevo, 1832), Neira (1842), Manizales (1849) y Santa Rosa de Cabal (1844).
Por su parte la concesión denominada Echeverri se originó cuando Gabriel Echeverri, Juan Uribe y de Alejo Santamaría, recibieron del gobierno en 1835 alrededor de 160.469 fanegadas de tierra comprendidas entre el río Cauca, San Juan y Arquía. Los tres individuos eran descendientes de vascos: Echeverri descendía de Pedro Echeverri Eguía y Viasi, oriundo de Fuenterrabía, en Guipúzcoa. Uribe de Martín de Uribe Echavarría oriundo del Valle de Léniz, también en Guipúzcoa. Mientras que Santamaría, provenía de solares vascos y navarros establecidos en el Valle de Mena, muy cercano a las Encartaciones vizcaínas.
Estos empresarios y colonos iniciaron la construcción de haciendas agrícolas y hatos ganaderos, y también participaron en la explotación minera, incentivando a numerosos colonos a establecerse en sus lotes baldíos lo que valorizó sus propiedades y creó un floreciente comercio, una vigorosa agricultura y ganadería.